Lugares para la credibilidad / Juan Asensio / Prudencio Irazábal
enero - marzo

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LUGARES PARA LA CREDIBILIDAD. LA EXPERIENCIA DEL MUNDO EN LA OBRA DE PRUDENCIO IRAZÁBAL Y JUAN ASENSIO

Isabel Durante

En los últimos tiempos, el arte se ha revelado como una suerte de artificio no siempre bien entendido. Al amparo de una sociedad que se abisma en la falta de reflexión frente a cuestiones fundamentales para el entendimiento de su propia existencia y a la que, como apunta García Canclini[1], ha dejado de interesarle el relato, algunas prácticas han tendido a una espectacularización desmedida.

Como contrapunto, se erigen otros artistas que desde lo minúsculo buscan el equilibrio de las formas, la apariencia de la sutileza, relatar ficciones en clave de experiencia, no de narración, y plantear cuestiones rotundas, prácticas a priori silenciosas que se manifiestan como una auténtica declaración de intenciones sobre su posicionamiento en el mundo, como una resistencia a cierta tendencia de homogeneización del pensamiento contemporáneo.

Este es el caso de Prudencio Irazábal y Juan Asensio, cuyos trabajos se pueden entender como herramientas clarificadoras del mundo. Ellos crean espacios fingidos que, sin embargo, se transforman en lugares para la credibilidad. Sus propuestas parecen querer ocultar lo que en realidad ofrecen, señalando indicios que en lo cotidiano pasan desapercibidos, una especie de “inconsciente óptico” del que habló Walter Benjamin[2]. Irazábal, por su lado, lo hace a través de campos de color vibrante, manchas cromáticas que trascienden la superficie que ocupan, que se van deshaciendo antes los ojos del espectador que las visualiza más allá de la contemplación y en las que encuentra respuestas como en un distorsionado eco lejano.

Por su parte, Asensio, construye la representación en torno a las formas de una escultura abstracta que se escapa de las lecturas convencionales, que nos habla de espacios no reconocibles, pero pulcramente sinceros. Como Irazábal, Asensio no delimita el objeto, no lo fronteriza, porque entiende que su esencia está más allá del aquí y el ahora, en lo perdurable, en la torsión temporal que demora el suceso y la interpretación de éste. No se trata de una falta de definición, sino de la convicción de que todo es uno.

En otro orden de cosas, es interesante reflexionar sobre la usurpación de los formatos. La parte escultórica se revela en la pintura de Irazábal y la pictórica transita en la escultura de Asensio, compartiendo una gramática común que hace que la pintura presente una cualidad tridimensional partiendo de la superposición de capas y la escultura trace un dibujo en el espacio, donde se advierte la necesidad de hacer partícipe a luz del discurso, una luz que convive dentro y fuera de la obra, que nos muestra los signos y, a la vez, emana de ellos, una luz que desconcierta y asombra, pero que permite redescubrir las formas de la naturaleza y nuestra propia conciencia. Una luz que despierta al que la mira.

No obstante, preguntarse por la relación entre Irazábal y Asensio, nos lleva a explorar zonas de contacto difíciles de delimitar. En cualquier caso, sus propuestas discursivas son inclusivas en cuanto a la actitud antes señalada de fraguar las emociones en modos alternativos; afectivos, complejos, en definitiva, humanos. Al tiempo, toman conciencia de la necesidad de ruptura con los códigos prefijados permitiendo la transformación de todo. Y es que para ellos el arte es una forma de pensamiento visual.

En definitiva, ambos buscan en esta tensión dialéctica la experiencia, no su interpretación. Lo imposible y la emergencia se revelan como aspectos vitales dentro de la economía de los elementos que plantean las obras, una sencillez ilusoria que extrae las evidencias del mundo contemporáneo.

[1] García Canclini, N., La sociedad sin relato. Antropología y estética de la inminencia, Madrid, Katz Editores,2010.

[2] Benjamin, W., Sobre la fotografía, Valencia, Pre-Textos, 2004, p. 28.

PLACES FOR CREDIBILITY. EXPERIENCING THE WORLD IN THE WORK OF PRUDENCIO IRAZÁBAL AND JUAN ASENSIO

Isabel Durante

Lately art has shown to be a kind of artifice not always well understood. Under the cover of a society lost in a lack of reflection in the face of questions fundamental to understand its own existence and that, as Garcia Canclini[1] points out, has ceased to show interest in narration, while some practices have tended to a disproportionate spectacularizaton. As a counterpoint, other artists are emerging who leaving from the minuscule seek the balance of forms, the appearance of subtlety, the narration of fictions as experience, not as narration. They pose emphatic questions and present a priori silent practices that turn out to be a genuine declaration of intend in regard to their positioning themselves in the world, as a resistance to the tendency to homogenize contemporary thought. This is the case with Prudencio Irazábal and Juan Asensio, whose works can be understood as tools to clarify the world. They create fictitious spaces that however transform into places for credibility. Their proposals seem to want to hide what in reality they show, signaling evidences that ordinarily remain unnoticed, a sort of “optical unconsciousness” as brought to the fore by Walter Benjamin[2] As for Irazábal, he achieves this through expanses of vibrant colors, chromatic patches that transcend the surface they occupy, that gradually vanish before the eye of the spectators who view them beyond contemplation finding answers as from a distant distorted echo. On the other hand, Asensio constructs representation by means of the shapes of abstract sculpture that escape conventional interpretations, that talk of unrecognizable, but neatly sincere spaces. As Irazábal, Asensio does not delimit the object, does not close it in, because he understands that its essence is beyond the here and now, it is lasting, a temporary torsion that delays its occurrence and interpretation. It is not a lack of definition, but rather the conviction that all is one. In another order of things, it is interesting to reflect on the usurpation of formats. The sculptural side shows in Irazábal’s painting while the pictorial comes through in Asensio’s sculptures, sharing a common grammar and achieving a three-dimensional quality in the paintings through the super-position of layers, while the sculptures trace a drawing in space, where the need is noticed to let the light share in the discourse. It is a light that exists both in and outside the work, that shows us the signs and at the same time emanates from them, a light that perplexes and amazes, but that allows to rediscover the forms of nature and our own conscience. A light that awakens whoever looks at it. However, wondering about the relation between Irazábal and Asensio, makes us explore areas of contact that are difficult to delimit. In any case, their discursive proposals are inclusive as for the already mentioned attitude of fashioning emotions in alternative ways; affective, complex, or in the end, human. At the same time, they are conscious of the need to break with predetermined codes, allowing a transformation of everything. Indeed for them art is a means of visual thinking. In conclusion, both search in this dialectic tension for experience, not its interpretation. The impossible and the emergency turn out to be vital aspects within the economy of the elements that outline the works, an illusory simplicity that extracts the evidences of the contemporary world.

[1] García Canclini, N. , La Sociedad sin relato. Antropología y estética de la inminencia, Madrid, Katz Editores, 2010

[2] Benjamin, W. Sobre la fotografía, Valencia, Pre-Textos, 2004, p. 28