La Fuga Ebria
25 de Marzo - 3 de Mayo

Si a ti te gusta que te besen
y a mi me gusta besarte,
quizás podamos disfrutarnos mutuamente.
Si te gusta que te succionen o te muerdan
y a mí me gusta succionarte y morderte,
quizás podamos disfrutarnos mutuamente .

Según Oteiza, hacer esculturas es aprender de qué se trata la escultura. La práctica de la escultura, en ese sentido, supone una suerte de pedagogía formal necesaria, un trabajo pasional y obsesivo, como el que el escultor atribuye al impulso constructivista de los años veinte y su compromiso con la educación espiritual (y material) del pueblo (vasco). Pero también, en cierto sentido, la escultura crea un sistema. Y para que un sistema sea eficaz ha de ser permeable al entorno, a la realidad en la que se em-bebe. El sistema-botella debe ser a la vez interior y exterior. Porque el sistema debe ser capaz de diferenciarse del entorno del que es parte. La tautología estaría servida, si no fuera por cómo el maestro Oteiza siempre lo complica todo y considera que, en verdad, estamos rodeados de escultura…

Estas ideas forman parte de un vídeo que Pablo Capitán compartió conmigo recientemente, en el proceso de escribir este texto sobre su obra. Además de lo fascinante-performativo de su dictum, del vídeo llamó mi atención la manera en qué Oteiza entiende la comunión entre teoría y práctica como un saber que es, sobre todo, saber del cuerpo, experiencia táctil y primera de los materiales que animan el pensamiento; un saber que no sabe aún, y que sin embargo no renuncia al más elevado conocimiento intelectual y especulativo, a lo sistemático, el diagrama y las fórmulas que se borran en la pizarra.

Oteiza habla sobre el lenguaje escultórico y su naturaleza sordomuda, pero ¿qué quiere decir? El del sordomudo es un silencio gutural, cavernario. El sordomudo dice como puede: la escultura, así, como una gramática atávica de diferencias polivalentes finitas, pone en forma y en palabras lo interior de lo exterior. Discrimina lo lleno de lo vacío, lo que dejamos entrar y lo que no puede ser metabolizado. La escultura, sin duda, es capaz de comunicar, pero de manera opaca, ora como un resto de lo que podría el lenguaje en su plenitud, ora como un re-encantamiento de lo inerte, el retorno o la segunda vez de lo que ha perdido la vida.

-Alfredo Aracil

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