From London.
23 nov- Diciembre

A Mil Millas de Casa.

“Desde Londres” es un puzzle de piezas deslizantes de una exposición. Por mucho que uno intente colocar sus elementos en algo que asemeje un orden a través de alguna clase de heurística presidente, una o dos obras o uno o dos artistas no terminan de encajar. En el arte, si no en un rompecabezas, eso es una virtud, la exposición nos llega no con una tesis, sino con una red de rutas de interpretación parciales. Empezamos de forma sencilla, por ejemplo, y digamos que los siete artistas aquí presentes entablan el amplio tema de la figuración y, más concretamente, lo que significa pintar una figura humana.
Eso es verdad en el caso de cinco de los siete, y se trata de una historia que podemos empezar a contar; una historia, quizás, sobre cómo la pintura ahora podría tener un doble propósito, atrayéndonos sólo para ahuyentarnos de nuevo.
Así, pues, podríamos suponer que los retratos de bustos fríos y pesados de Damien Meade, con sus rostros desviados con recelo e inalcanzables (ya que no se puede dar una vuelta alrededor de un cuadro, de ahí su irónica ingeniosidad), están basados en modelos escultóricos. Aunque también podríamos preguntarnos si el modelo realmente exista, y si una persona de verdad haya posado para ello, y así se nos abre un mise en abîme
de auténtico ensimismamiento. Podemos ver una fuerza vital brillando eléctricamente a través de los suaves velos de pintura de Marianne Basualdo, y reconocer que la ominosa y distante figura de respiración ligera que percibimos, sólo ha sido construida por ella en parte, el resto nos lo proporciona nuestra imaginación activa. Podemos apreciar que Milena Dragicevic aproxima las sintaxis de la abstracción y de la figuración para proponer el “yo” como un enigma totalmente introvertido e intraducible. Estos son cuadros que consideran al retrato como una repeladura al mínimo, como un diálogo con un espectador que, o bien ha de entregar algo de sí mismo al servicio de la consumación, o bien reconocer que el arte no es una forma de revelar verdades íntimas de un individuo, sino una meditación sobre el diálogo entre el artista y el espectador.
Pero podríamos comenzar de nuevo con Dragicevic y seguir otro camino: hacia la pintura como un punto donde la abstracción y la narrativa inferida se entrelazan fructíferamente, de nuevo con la ayuda casi involuntaria del espectador. Por ejemplo, ¿dónde está el espacio que Phillip Allen ha cartografiado en sus cuadros durante la última
década? Parece topográfico, aunque podría ser fácilmente interiorizado: tiene profundidad de campo y dimensión (e incluso, según parece, tiempo y luz que proyecta sombra). Pero hay suficiente empaste rugoso y formalismo para recordarnos que Allen hace de arquitecto de este mundo en vez de retratarlo, y las preguntas que genera (como
un título como Franca Repetición podría inferir) son de cómo y por qué uno comienza y continúa como pintor. Lawrence Corby, al enlazar un par de desinflados, testiculares globos de colores a la base de una abstracción titulada Pequeña Victoria, abre la nofiguración a la narración melancólica, casi burlona, mientras uno se pregunta qué es lo que pueda codificar el cuadro y cómo puede relacionarse con la mezcla de triunfalismo y decepción del título.
O se podría ver a Corby como la apertura de un diálogo con la historia de la abstracción, y ver esta exposición desde la óptica de una conversación con modelos ineludibles, la pintura-como-problema: con, por otra parte, la historia del retrato como un foco sobre la identidad individual, como cuando Paul Housley forcejea enérgicamente, ambivalentemente, con el peso de la pintura de antaño en obras como Retrato con Ojos de Mármol, con sus distorsiones modernistas, su tópica vellosidad bohemia (y, según parece, una camiseta de rayas Picassoesca), y su factura expresionista. Los cuadros de Housley, a pesar de su aparente holgura, son tonalmente híper-precisos en su
evocación de una ansiedad contemporánea estratificada por encima de otras tantas históricas. También indaga en el ‘qué podríamos hacer con el pasado’ Meade, cuyos bustos patinados no parecen estar completamente situados en el momento actual pero se hacen presentes cuando se los lee al sesgo; y las orquestaciones de figuras de Tim Stoner.
Los bailarines semiregimentados de Stoner caminan al filo de la significación; la actividad es relajada pero a la vez al paso, de una manera que sugiere un profundo amor por el orden por parte del ser humano, una afición por entrar en vereda, algo que históricamente ha tenido todo tipo de nefastas implicaciones socio-políticas.
Así pues, las asambleas giratorias de Stoner se sientan en una especie de notiempo que les permite describir un momento pasado y otro potencialmente presente al mismo tiempo, y esta especie de doble temporalidad caracteriza también a gran parte de ‘Desde Londres’, que en repetidas ocasiones supone que lo que se pinta ahora está en conversación con algo hecho anteriormente. Corby puede designar una estructura gráfica, tipo flecha, como “Paisaje de Invierno”, y a nosotros se nos permite vagar por el espacio entre el título y la imagen, probando la validez de las emociones inferidas.
Basualdo puede enfocarse ceñidamente en los desdibujados rostros frontales y nosotros pensamos en determinados tipos de retrato fotográfico: en fotos carné. Allen coloca sus paisajes fantasmales frente a los reales; Housley tiene una historia de arte más amplia sobre sus hombros a sabiendas pandeantes…
Estos artistas – o al menos sus obras – se encuentran típicamente a mil millas de casa. La pintura también está muy lejos de sus inicios; y para los artistas vivos no es fácil desprenderse del punto de partida y de las etapas intermedias. Así que cada uno de estas imágenes se introduce dentro de un flujo de imágenes mucho más amplio y, cuando lo hacen, es principalmente cuando sus historias – o su afanosa mudez – se sueltan. Y si eso es cierto de su interacción con las imágenes que no están aquí, lo es también en Murcia, con los que sí están: y es por eso que esta exposición está atravesada por conductos, por trayectorias discursivas. Estos cuadros son objetos inestables, con goteras, empujados hacia el gregarismo, empellándose o susurrándose por las paredes, esperando nuestra
versión, esperando a los demás y a nuestros recuerdos de los inmensos archivos del arte.
Se han encontrado en tierras extranjeras y son todos – en un sentido u otro – de Londres.
Es natural que convivan: si no para siempre, al menos por el momento.

Martin Herbert