Espejismo en Groenlandia / Álvaro Albaladejo
Enero-Marzo

Espejismo en Groenlandia

Javier Sánchez Martínez

En la obra de Álvaro Albaladejo (Granada, 1983) el ojo siempre está estallado. A través de una serie de tecnologías alucinatorias Albaladejo arroja la percepción contra sus límites. Con el fin de atacar el ojo, el artista introduce en sus esculturas una serie de dispositivos que alteran la aprehensión de la obra, provocando no solo extrañeza, sino incluso experiencias cercanas al vértigo y la desorientación. Esta centralidad del aspecto físico de la visión en la obra de Albaladejo está relacionada con una genealogía subterránea de la modernidad artística, aquella que va de la psicodelia al cine experimental, y que postula no solo que no existe una posición neutral desde la que aproximarse a lo visual, sino que, más bien al contrario, la falta de perturbación que presupone la observación distanciada está ya históricamente condicionada. De ahí que esta crítica radical de lo retiniano opere mediante la confrontación y la subversión de la experiencia visual normalizada. El ojo se abisma en las esculturas de Albaladejo fascinado por el entramado de formas espectrales y efectos ópticos. De este modo, asediada por paradojas y contradicciones, la mirada naufraga y, en el vértigo de la caída, el propio acto de ver se tematiza. En última instancia, lo que Albaladejo muestra al hacer estallar el campo visual es la frágil frontera que separa la realidad material de la psíquica. En este sentido, Albaladejo es un escultor no sólo del objeto percibido, sino de la percepción misma.

Espejismo en Groenlandia es el primer proyecto expositivo de Albaladejo en la galería Artnueve. La exposición reúne una selección de trabajos realizados entre mediados de 2013 y principios de 2020 que exploran la capacidad de lo ornamental para «animarse» y actuar sobre el espectador. Lo ornamental no designa un dominio de objetos determinado, ni una serie de motivos añadidos más o menos superfluos, pero tampoco se identifica con lo decorativo, es decir, con la función de embellecer y agradar. Se trata más bien de un modus operandi, es decir, de una forma de pensamiento visual específica. Esta forma de actuar se caracteriza por una impregnación rítmica del espacio que desestabiliza y supera la capacidad del espectador para organizar el campo visual como una totalidad coherente. Lo ornamental es pulsación, ritmo, cuerpo. A través de un uso heterodoxo de la repetición y la multiplicación, la lógica de lo ornamental introduce una cierta locura en la visión. De ahí la capacidad de lo ornamental para «animarse» que se expresa tanto en la idea de movimiento o vida latente, como en los procesos de metamorfosis y cambio. Con el fin de atrapar al espectador, Espejismo en Groenlandia pone en funcionamiento diferentes técnicas de animación ornamentales como líneas infinitas, simetrías aparentes, superficies cambiantes, refracciones cegadoras o movimientos circulares.

En los diarios de viajes a las regiones polares es frecuente encontrar descripciones de barcos fantasmas, islas imaginarias y arquitecturas fantásticas. El origen de este tipo de fantasías está en un tipo fenómeno óptico llamado Fata Morgana. Cuando la luz atraviesa varias capas de aire cuyas temperaturas fluctúan de manera muy intensa los objetos situados en el horizonte se invierten y deforman de un modo no sólo altamente complejo, sino rápidamente cambiante. El título de la exposición está inspirado en un grabado antiguo que representa un espejismo imposible: dos barcos doblemente invertidos situados muy por encima de la línea de horizonte. La violenta lógica de esta imagen me pareció que encapsulaba en un solo gesto tanto el vértigo alucinatorio de las obras de Albaladejo como la potencia que anima lo ornamental.

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