El adverbio y la piedra
Inauguración 5 junio a las 20h

El adverbio y la piedra es una proyecto expositivo de Aitor Lajarin Encina que recoge una colección de nuevas pinturas, objetos y videos realizados en el ultimo año en exclusiva para el espacio de Artnueve. El título nos plantea el encuentro entre el mundo como entidad indescifrable y la realidad humana que intenta comprenderlo. La piedra, (menos da una piedra) encarna todo aquello se nos aparece como presencia sorda y muda de una realidad/mundo observable pero inescrutable. Un “alrededor” que se despliega ante nosotros y en el que estamos inmersos irremediablemente pero que solo acertamos a intentar comprender. El adverbio, (aquí, allí, bien, mal, poco, mucho, pronto, tarde, etc) nos sitúa precisamente en el lugar de la propia condición humana. Dentro de los limites de lo abarcable a través del lenguaje. En el centro de ese esfuerzo (llamese la vida) constante en el que vivimos y discurrimos evaluando, valorando, situando y midiendo nuestro mundo circundante y nuestro lugar en él.

Ese esfuerzo siempre imposible e incompleto por discernir el orden de causalidad de los fenómenos y la significancia de los eventos que se nos presentan en nuestro transcurrir por el mundo. El adverbio y la piedra se refiere a una relación de negociación en la que el encuentro entre estas dos realidades nunca se completa y vivimos en un constante juego de aproximaciones especulativas. Un juego de aproximaciones en el que caminamos hacia un horizonte de conocimiento siempre en movimiento, siempre sugerente, intrigante e incompleto. Un juego en el que sin embargo seguimos, siempre, a pesar de la imposibilidad de alcanzarlo, caminando hacia ese horizonte.
En este grupo de obras Lajarin continua con su ambición de explorar las posibilidades expresivas y evocadoras de tipos formalizaciones estéticas que tratan de compaginar economía de medios, sofisticación formal, potencia expresiva y profundidad conceptual de un modo lúdico pero profundamente analítico que bascula entre lo gráfico y lo pictórico abriendo paso en este caso a un elemento prácticamente inexplorado en su trabajo, el texto escrito. Las piezas en esta exposicion funcionan como apuntes, casi como anécdotas que nos despliegan viñetas y situaciones que nos invitan a rumiar sobre diferentes aspectos de las condiciones de existencia contemporáneas.
Los asuntos que resuenan en las obras son varios y se solapan. La complejidad de las relaciones interpersonales, el relativismo de las nociones identitarias, las ambiciones y ansiedades individuales y colectivas o la incertidumbre y el absurdo que supura vida cotidiana entre otros son algunos de ellos. Estos, están planteados desde una ambición de hacer “filosofía de andar por casa”. Los temas están apuntados y esbozados como en una conversación de bar cotidiana, sin ambición de rigurosidad ensayística, de una manera abierta y a menudo ambigua desplegando múltiples posibilidades para la valoración y elaboración por parte del espectador. En este proyecto, Lajarin, parece alinearse con las lógicas del pensamiento débil en el sentido acuñado por Vattimo ya que uno de los objetivos del artista es el abrir un espacio amplio para la sugerencia, la interpretación y el acercamiento de sensibilidades y puntos de vista.

El tono de la obra es sumamente importante para Lajarin constituyendo un elemento clave de su posicionamiento ideológico. Los asuntos que resuenan en las obras están tratados con una mezcla de nihilismo y ternura, acidez critica y humor satírico y empatía, distancia racional y goce estético y de consciencia grave y puerilidad infantil que nos desvela una actitud vital que nos recuerda a aquella de la afirmación de Gramsci en la que uno puede ser a la vez un pesimista intelectual y un optimista por voluntad ante la vida y desvelándonos por otro lado el poder estratégico y catártico de la paradoja. La paradoja, entendida aquí en el sentido en la que la describió Oscar Wilde, como un elemento que “pone a la realidad y a sus veracidades en la cuerda floja” evaporando cualquier ilusión de verdad esencial estable, curándonos de cualquier ambición de imperatividad solemne.

En el adverbio y la piedra, Lajarin nos invita a identificar las limitaciones de nuestra percepción, conocimiento y entendimiento (la distancia insalvable con el mundo de ahí fuera) mientras exploramos nuestra capacidad ilimitada para empatizar, especular, interpretar e imaginar (nuestra voluntad de pertenecer). Su obra nos confronta una vez mas con nuestra pequeñez e irrelevancia en relación a complejidad y escala del mundo mientras reserva no obstante para nosotros una morada, humilde, en el (des)orden cósmico.