Drawing Room 2019
27 febrero- 3 de marzo

El proyecto gira en torno a las nociones de fragilidad y precariedad, cuestiones
esenciales para abordar no sólo un presente compartido –la dramática situación actual
en la que hemos tomado conciencia de nuestra existencia frágil y precaria–, sino también
una poética de la resistencia –la potencia de lo frágil, lo mínimo y lo precario para generar
lugares de crecimiento y transformación no autoritaria de los sujetos–.
Trabajos frágiles, débiles, mínimos y precarios, que proponen alternativas a las superficies
brillantes de la mercancía y a la ideología del high-definition.
Estéticas low-fi que se muestran como pequeñas resistencias ante un sistema que cada
vez se hace más fuerte y que invisibiliza lo precario, llevándolo a una zona de oscuridad,
creando la ilusión de su inexistencia. Un sistema que constantemente produce
precariedad pero que construye dispositivos de ilusión para evitar que podamos
percibirla.
Esa toma de conciencia de lo precario y lo frágil a través del despliegue de estrategias que,
en lugar de ocultarlo, lo muestran y lo visibilizan es la que, desde presupuestos y técnicas
diferentes, llevan a cabo los artistas que hemos seleccionado para esta edición de
Drawing room: Pablo Capitán del Río, Mark Hosking, Sergio Porlán, Kirsten Hutsch

Pablo Capitán del Río. Siempre hay algo que se escapa en los trabajos de Pablo Capitán del Río.
No es un juego de opuestos, ni una cuestión dicotómica, sino es el principio de incertidumbre sobre
el que se basan todos sus supuestos.
Interesado por la etología y otra serie de fenomenologías que ocurren en el ecosistema natural, los
trabajos de Pablo Capitán se plantean casi como deformaciones naturales en las que las propias
fuerzas y elementos de la naturaleza, así como otra serie de condicionantes temporales hacen que
la propia obra se vaya construyendo, entre lo amorfo y lo cristalino.
En la obra de Pablo Capitán del Río, la precariedad aparece no sólo en el uso de los materiales–
por lo general cercanos al universo de lo povera–, sino también en el sentido de la obra como una
composición siempre a punto del desmoronamiento. Sus trabajos –tanto sus intervenciones que
giran en torno a la recuperación de los procesos naturales, como sus instalaciones y esculturas más
objetuales– presentan siempre un desequilibrio que genera en el espectador una conciencia de
que todo puede cambiar de un momento a otro. Obras que se mueven, que inician procesos, que
inquietan la mirada del espectador, pero sobre todo que transforman su relación con el espacio y
el entorno. La toma de decisiones constantes respecto al modo de afrontar la obra, de mirarla, de
alejarse de ella para no ser rozado por ella o para no destruirla, implica también una especie de “cuidado”
en la percepción, una mirada que intuye que aquello que tiene delante no siempre ha sido
así, y, desde luego, que no permanecerá en ese estado en lo sucesivo, de tal modo que se transmite
una especie de urgencia al ver y al sentir.
Sergio Porlán. El trabajo artístico de Sergio Porlán nos conduce hacia el ámbito de la levedad, la
delicadeza y las percepciones sutiles. Se trata de un trabajo de alquimia. Una vanitas barroca que
nos conduce al ámbito de lo mistérico, el simbolismo oculto, lo indescifrable…
A través de la pintura, la escultura y la instalación, se generan contextos envolventes que hacen
participar al espectador de una particular escenografía. El enigma de la vida cotidiana.
Kirsten Hutsch. Las obras de Kirsten Hutsch investigan la relación entre lo real y la imagen. Es
una indagación sobre la naturaleza de la percepción humana y la sustancia de la realidad. A través
de una variedad de medios, estas obras plantean la ambigüedad de la realidad esencial del objeto
físico por un lado y la naturaleza inherentemente artificial de su representación por el otro. El trabajo
permite que el objeto se manifieste en su ambigüedad real, material y sensorial. En el Transfer
Gesso, la pintura original se reconfigura en un lienzo gemelo. Para estas obras, el gesso se despegó
de un lienzo y las piezas se pegaron de nuevo en otro.
Mark Hosking. La experiencia de lo fragmentario y lo inestable lo encontramos en las obras de
Mark Hosking, tanto en sus esculturas en las que interviene el accidente y el desmoronamiento –el
que ya ha sucedido o el que está a punto de suceder– como en sus sutiles pinturas en las que las
formas del cuadro y las figuras del interior, colisionan y comienzan a integrarse.
Sus creaciones se sitúan un paso más allá la racionalidad pura del minimalismo, cuya autoridad
formal se encuentra aquí cuestionada y desvencijada. Obras que evidencian el fracaso de la forma
pura y que muestran la imposibilidad de integración absoluta y la permanencia constante de una
diferencia que se resiste a ser metabolizada. Una diferencia que elimina la ilusión de totalidad y nos
hace consciente de la parte accidental, la quebradiza, la rompible