Aguanieve, -sensación de.
abril– mayo

Aguanieve, -sensación de.

de Jesús Alcaide.

 

“..el lenguaje sabe que el mundo nos entra por la vista sólo en apariencia:

de hecho nos sale por la mirada”

Conversación entre K. Popper-K, Lorenz.

 

En 1969 el biólogo y filósofo austríaco Karl Ludwig von Bertalanffy (1901-1972) publica Teoría General de Sistemas. Con este libro, cuyos primeros esbozos tienen lugar ya en 1937, se inicia una línea de pensamiento dentro de la biología que conceptualiza al organismo como un sistema abierto en constante intercambio con otros sistemas circundantes por medio de complejas interacciones. Avanzando en esta idea, surgirá la idea de sistema complejo, que no es otro que aquel compuesto por varias partes interconectadas o entrelazadas cuyos vínculos crean información adicional no visible antes por el observador.

 

Las imágenes de la complejidad se sitúan entre lo frondoso y lo transparente. En lo frondoso: el bosque, el cerebro; en lo transparente: el aire, la luz. Lo frondoso, claro está, sugiere directamente complejidad estructural: lo tupido, lo abigarrado, lo diverso, lo entrelazado, lo inextricable. Pero también la transparencia tiene su complejidad, más dinámica que estructural: la turbulencia del viento, las fluctuaciones cuánticas y cósmicas de la luz en el ojo y en la radiación de fondo del universo. Entre lo estructural y lo dinámico se extiende un amplio dominio de complejidad que combina tiempo y espacio, geometría y movimiento.

 

(Jou, David. Ciencia y poesía. Entre la complejidad de lo frondoso y lo transparente. Zehar, 2009)

 

En 1961, Ilya Prigogine publicará la “Introducción a la termodinámica de los procesos ireversibles”. Según esta teoría los sistemas dinámicos de la biología son inestables. El futuro está siempre abierto a procesos nuevos de transformación, lo que le llevará a trazar sus ideas sobre lo que él denomina estructuras disipativas y que definirá como islas de orden en un océano de desorden. En esta línea que va de los sistemas disipativos y complejos y que devendrá en lo que comúnmente denominamos como teoría del caos, Prigogine junto a Isabelle Stengers, pronto recalará en la noción fundamental de la idea de tiempo para entender estos procesos.

 

El tiempo-ahora. Irreversiblemente, y para siempre.

(Brea, J.L. Los últimos días, 1992)

 

Según los estudios de Prigogine y Stengers sobre el tiempo, la física no niega el tiempo. Reconoce el tiempo irreversible de las evoluciones hacia el equilibrio, el tiempo rítmico de las estructuras cuyo pulso se nutre del mundo que las atraviesa, el tiempo bifurcante de las evoluciones por inestabilidad y amplificación de fluctuaciones y hasta ese tiempo que manifiesta la indeterminación de las evoluciones físicas y microscópicas. Cada ser complejo está constituido de una pluralidad de tiempos, conectados los unos con los otros según articulaciones sutiles y múltiples. La historia, sea la de un ser vivo, o la de una sociedad, no podrá jamás ser reducida a la sencillez monótona de un tiempo único.

 

Como cuando se arroja una toalla sobre una jaula para hacer callar al ruidoso pájaro que chilla en su interior

(Peter Handke. Comparación para lo no comparable. Vivir sin poesía, 2009)

 

En 1967 el artista Robert Smithson realiza un viaje alrededor de Passaic. Este terrain vague abandonada tras el crack del 29 se convierte en el lugar perfecto para cuestionar la idea de las ruinas industriales de nuestro pasado más reciente. De los registros fotográficos y las anotaciones surgirá el artículo A tpur of the Monuments of Passaic, texto fundamental en la lógica de la antimonumentalidad que marcará gran parte de la escultura contemporánea desde los años sesenta hasta la actualidad. Las propias ideas de tiempo y entropía, conceptos físicos que Smithson une a la arquitectura y escultura del momento, así como a la ciencia-ficción, son la base de este texto y de otro que ya había publicado bajo el título de Entropía y los nuevos monumentos (1966), donde relacionaba algunas de estas cuestiones en relación a la obra de compañeros como Robert Morris, Donald Judd o Sol LeWitt.

 

Si hay algo que comparten las disciplinas que realmente pueden denominsrse contemporáneas, es la indefinición a la hora de identificarlas, nombrarlas, estructurarlas y catalogarlas. Esas zonas indefinidas es lo que comúnmente llamamos extrarradios.

 

(Agustín Fernández Mallo. Postpoesía. 2009)

 

¿Cuál es la diferencia esencial entre el silbido de un pájaro y el lenguaje humano?¿Cómo aconteció la evolución del piar al hablar?. Cuenta J.P. Zooey en su novela Los electrocutados, que en el libro Sobre el origen de la especie humana y el lenguaje, el poeta ruso futurista Jlébnikov graznó una respuesta: el lenguaje humano tiene el mismo sentido objetivo y relación con las cosas que nombra que el gorjeo de un pinzón. O en otras palabras, no hay ninguna relación entre palabras y cosas:

 

¿Acaso no consiste el escribir, sobre todo, en el que escribe circunvalabndo hasta el infinito aquello de lo que realmente quiere hablar, como si fuera algo exquisito, como cuando empezamos a comer una sopa caliente por los bodes para no quemarnos?.

 

(Robert Walser, La sopa caliente, 1978)

 

Resulta complejo escribir sobre el trabajo de Pablo Capitán del Río (Granada, 1982). Este texto no es una huida en circular para evitar llegar al centro de la cuestión. Todo lo contrario, este texto se trama a través de referentes y voces de otros que nos hablan sobre la imposibilidad de la traducción y la dificultad de acceder a una interpretación certera. La ciencia persigue efectos de verdad. El arte, de incertidumbre.

 

En el proceso artístico de Pablo Capitán del Río se van configurando algunos de los paradigmas relacionales entre los territorios de lo científico y lo poético a partir de la construcción de elementos que en su ensamblaje y correspondencias van trazando posibles narrativas sobre distintos fenómenos físicos y psicológicos.

 

“Aguanieve,–sensación de” como un amplio espectro de posibilidades, futuribles y estados por venir, en los que el tiempo aparece como importante denominador común en la construcción de las piezas presentes en la exposición.

 

“Aguanieve,–sensación de” como elementos con los que ir construyendo imágenes que superan el estadio de lo real para insinuarse como potenciales metáforas, narrativas cortocircuitadas y dispositivos relacionales amplificados que nos incitan a descubrir las complejidades del mundo y las posibilidades de otras maneras de percibirlo y actuar sobre él.

 

“Aguanieve,–sensación de” como una construcción de imágenes dobles, isomorfías gemelares, edificaciones herméticas y materiales en un continuo estado de cambio que nos invitan a pasear por esta “vanitas” perpetua, reflejo de la complejidad de un individuo que como decía Prigogine “está constituido de una pluralidad de tiempos, conectados los unos con los otros según articulaciones sutiles y múltiples”.

 

“Aguanieve,–sensación de” como una simultaneidad de tiempos que van ocurriendo en el interior de las obras y a cuyos cambios y trasformaciones el artista delega su devenir. Obras que no tienen un único comienzo y fin, sino un perpetuum mutabile, un continuum temporal que comienza y termina en todos y cada uno de los puntos intermedios en que los materiales de sus trabajos se van viendo alterados por diferentes procesos fenomenológicos físicos y químicos causados por el factor tiempo.

 

“Aguanieve, -sensación de” como una invitación a pensar las posibilidades de lo futurible. Los próximos minutos, los próximos días, un mañana que ya no será ese futuro que esperabas tener ayer. Paralaje temporal, afasia mental ante la escena, una explosión en un vaso de aguaLa imposibilidad de escribir sobre aquello que se atraviesa en la boca y poco a poco comienza a derretirse. El recuerdo infantil de tocar un charco helado con los dedos. –sensación de.